Desde los inicios de la historia del ser humano, se habla de una u otra forma del proceso de purificación o desinfección, hasta llegar a la esterilización, la cual ha tenido un proceso de larga evolución.

Desde los egipcios se ha identificado el uso de la brea, resinas y aromáticos como antisépticos, usados en el embalsamiento de los cuerpos, y tenían el conocimiento del valor antiséptico a través del secado usando sustancias como la sal común. El sulfuro ardiendo fue el primer químico usado por diversas culturas antiguas para desodorizar y con propósitos de desinfección. La purificación y destrucción del material contaminado a través del fuego también se originó alrededor de los egipcios. La cremación de los cuerpos de animales y personas, especialmente en caso de guerra, fue usada para eliminar olores putrefactos.

Y así podríamos mencionar también el primer código sanitario establecido por los hebreos, donde usaron un sistema de purificación por fuego en los campos de saneamiento, tratamiento y prevención de la lepra alrededor de 1450 a.C. También a Empédocles, que creyó que la fumigación era un medio para combatir epidemias; así mismo Hipócrates reconoció la importancia del agua hervida para la irrigación de heridas, el lavado de manos del cirujano, así como el uso de ropas medicadas para tratamientos, entre muchos otros ejemplos.

No es hasta 1880 que se construye el primer esterilizador de vapor a presión, por Charles Chamberland, un bacteriólogo francés, pupilo y colaborador de Pasteur. Era un aparato portátil con 6 litros de capacidad que trabajaba generando calor por combustión de alcohol.

Para 1886, Ernst von Bergmann y colaboradores introdujeron el uso de un esterilizador a vapor, lo que constituyó un gran adelanto. El año 1933 se registra como el año en que se comercializa el primer esterilizador de vapor a presión, donde se medía la temperatura real del vapor aplicada a la carga con un termómetro de mercurio. Con el tiempo, este método fue sustituido por la esterilización mediante autoclave.

Los efectos germicidas que se consiguen con los métodos de esterilización o desinfección están basados en una serie de reacciones químicas que alteran elementos o estructuras esenciales, provocando la muerte del microorganismo.

Para continuar, vamos a definir estos términos:

Esterilización: proceso usado para destruir toda forma de vida microbiana —virus, bacterias, hongos y esporas— en cualquier parte u objeto, incluidas las esporas microbianas.

Desinfección: consiste en eliminar las formas vegetativas de los microorganismos patógenos en todos los ambientes, materias o partes en que sean nocivas, en diversos niveles de actividad biocida.

Entre los procedimientos y agentes más usados en odontología destacan, por su importancia, el autoclave, la esterilización con vapores químicos, el horno Pasteur, el hipoclorito sódico, los derivados fenólicos, la clorhexidina y el glutaraldehído.

Existen compuestos y técnicas relacionados con la desinfección y esterilización del instrumental de uso odontológico, que desarrollaremos a continuación:

Desinfección

Existen diferentes desinfectantes con base química para satisfacer las exigencias de una clínica dental. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que algunos de estos compuestos, según la concentración y el tiempo de actuación, pueden conseguir la esterilización. Hay cuatro categorías aceptadas por la ADA:

  • Soluciones cloradas:

    la más empleada es el hipoclorito sódico, usado en una solución entre 0,1% y 2%, con un tiempo de desinfección de 10 a 30 minutos. Presenta inconvenientes como su poder corrosivo para los metales, pérdida de actividad en presencia de materia orgánica y deterioro rápido, por lo que debe reemplazarse semanalmente.

  • Formaldehído:

    inflamable e incoloro. Se alcanzan niveles de actividad biocida con una solución acuosa al 8%. Es bastante irritante para la piel, los ojos y las vías respiratorias, y puede dañar determinados materiales.

  • Glutaraldehído:

    se emplea generalmente en solución acuosa al 2%, amortiguada a pH alcalino, suministrada con dos componentes que al mezclarse activan el producto. La solución activada tiene una vida media de 14 a 30 días: desinfecta en 15-30 minutos y esteriliza en 7-10 horas, según la formulación. El contacto con ojos y piel puede provocar irritaciones.

  • Yodóforos:

    la mayoría de los preparados comerciales deben diluirse en agua. Producen un efecto biocida después de 30 minutos de exposición.

Esterilización

A diferencia de la desinfección, la esterilización sí puede controlarse por completo, por lo que, siempre que sea factible, es la opción a elegir. Para obtenerla en el consultorio dental se dispone básicamente de los siguientes métodos:

  • Esterilización por vapor:

    el procedimiento más extendido. Consiste en el uso de vapor de agua a presión en un autoclave, generalmente con dos programas: uno a 121 °C (para plásticos y turbinas) y otro a 134 °C (para objetos metálicos). Es el método de elección, ya que permite el embolsado del instrumental, sirve para esterilizar turbinas y contraángulos, y desgasta menos el filo del instrumental en comparación con el calor seco. Hay que evitar introducir los instrumentos en cajas tapadas, ya que la esterilización no sería satisfactoria.

  • Esterilización por calor seco:

    se utiliza el horno Pasteur o Poupinel. Para alcanzar la esterilización debe mantenerse una temperatura constante de 180 °C durante un mínimo de media hora, idealmente entre 60 y 120 minutos. Solo permite esterilizar material termoestable. Su ventaja es que no corroe los instrumentos; sin embargo, no admite esterilizar turbinas ni embolsar instrumental. Los modelos más recientes, con ventilador, aceleran el proceso hasta los 12 minutos.

  • Esterilización por vapor químico:

    disminuye la corrosión, pero produce gases tóxicos, por lo que requiere un área bien ventilada.

  • Otros métodos:

    esterilizadores con perlas de vidrio y cuarzo, y radiación ultravioleta. Los primeros solo son útiles para instrumental endodóncico, y los segundos tienen limitaciones que desaconsejan su uso general.

En conjunto, elegir el método correcto de desinfección o esterilización depende del tipo de instrumental, el nivel de riesgo del procedimiento y los recursos disponibles en el consultorio — pero la meta siempre es la misma: proteger tanto al paciente como al equipo dental de una infección cruzada.